por Juan Pablo Morales Farfán
Puangue mi buen amado padre
arrullas, noche a noche los sueños
de los que duermen en el valle
de Curacaví y María Pinto.
¡Vuelve al lecho vuelve!
manantial de agua viva
que los sauces se cansaron de llorar
y las piedras se agotaron de gritar.
¡Vuelve! regresa a ocupar el cauce
y abrázanos con tu cristalina frescura
ven a sacarnos del sosiego
ven a humedecernos el cuerpo y el alma.
Puangue mi bien amado padre
acorralado por el cemento enjaulado
como un pájaro herido.
Despojado y azotado por el hombre,
rellenado por desechos y escorias
Puangue mi bien amado padre
en tus riveras, noches de amor, de
ebriedad y de profundos silencios.
¡Agüita clara con rayos de Luna
llévate las penas, no dejes ninguna
Déjame soñar y remar en tus mansas aguas,
esperando el renacer del Puangue.