Por Francisco Leyton Meléndez, Investigador de historia y genealogía de Curacaví, (recopilación de Juan Pablo Morales Farfán
Un edificio reacondicionado frente a la intersección de avenida Ambrosio O'Higgins y calle Fernando Ojeda, donde hoy existe un supermercado, alojó por varias décadas un teatro y cine. El origen de este salón de eventos artísticos y su primitivo nombre comercial son casi desconocidos, pero recordaremos como teatro o cine Principal, junto a una breve descripción histórica.
La existencia de una patente de biógrafo concedida a Florentino Cerda Morgado para el trienio 1928-1931 por la Ilustre Municipalidad de Curacaví -única en su tipo para ese momento- sugiere el nacimiento de este salón de proyección, posiblemente de cine mudo. La propiedad había sido inicialmente recibida en herencia por la esposa de Florentino, una reconocida empresaria dulcera.
Mediante subvención municipal, los escolares asistieron el 21 de mayo de 1929 a una función matiné gratuita, en conmemoración de las Glorias Navales.
En 1935 la municipalidad exigió a Florentino garantizar con certificados competentes la solidez y seguridad de una caseta donde funcionaban las máquinas, para evitar peligros al público asistente. Igualmente exigió la apertura de dos nuevas puertas de escape debidamente señalizadas por focos color lacre, una en galería y otra en platea, con salida hacia la calle. En ese momento el recinto es mencionado como teatro.
Posteriormente, un nuevo administrador realizó modificaciones a la arquitectura. El sector ofrecía variado comercio, y era visitado por pasajeros de la locomoción antes de reanudar el viaje.
Margot Loyola Palacios (1918-2015) recordaba su primera presentación artística junto a su hermana en el teatro de Curacaví hacia 1932. El lector puede encontrar información de interés en La tonada de Margot Loyola: vida y obra de la folclorista y revisión de sus aportes a la música tradicional de Chile. Área de cultura y capacitación de FUCOA, 2016. Sara Montt, Bella Araneda y Camila Leclere.
El teatro Principal fue el único salón de ese tipo existente en el pueblo durante muchos años; en su escenario comenzó la carrera artística de Margot Loyola en la década de 1930, cuando el teatro parroquial aún no existía. En 1946 fueron bendecidos los tijerales de este último edificio, gestionado por el presbítero Augusto Larraín, sumando otra posibilidad de entretención y difusión de la cultura.