Recopilación de Juan Pablo Morales farfán

 

Por Juan Pablo López Aranda

Director Ejecutivo Academia Nacional de Cultura Tradicional Margot Loyola Palacios

 

Estela y Margot Loyola Palacios tempranamente incursionan en la vida artística, primeramente, en su ciudad natal Linares y profundizan esas habilidades en Curacaví.  

 

Doña   Ana María Palacios se traslada desde Linares a trabajar a Santiago a regentar (dirigir) una botica (farmacia) y proyectar su trabajo en la capital.  La situación en aquella época no era buena   y recibe una oferta para ir a trabajar a la Patagonia, sin embargo, aparece un señor de apellido D´ottone, quien le comenta a doña Ana María que alquilaría un lugar en Curacaví para instalar una botica. Es así, como doña Ana María   junto a su hija mayor, Ana Margot Loyola Palacios, (que continuaba en Santiago sus clases de piano que había iniciado en Linares) se asientan en Curacaví. Al poco tiempo se une a su madre, su hermana   Estela Loyola Palacios, quien estaba en un internado en un colegio de monjas también en Santiago. Es en Curacaví donde continúan perfeccionando sus habilidades artísticas, que ya estaban presente desde su infancia en Linares, recitando, declamando, cantando, interpretando pequeñas obras de teatro, incluso de danza clásica, por ejemplo, “las czardas de MontI” con una coreografía creada por Margot.

 

Comienzan también a estudiar guitarra y cantar algunos temas heredados por tradición familiar, que su madre Ana María, les empezó a enseñar, recordemos que doña Ana María tocaba piano, guitarra y poseía mucho repertorio, el que le va a traspasar a sus hijas.  Un día, cuando las hermanas Loyola estaban cantando en la tras botica, pasó un viajero que iba hacia Valparaíso y las escuchó cantar y preguntó ¿quiénes son las que cantan?, doña Ana María contestó que son sus hijas, replica el viajero, ¡y porque no han ido a Santiago a cantar?; porque hay un concurso en la Radio del Pacífico, donde andan buscando talentos jóvenes…  De esta forma, las   hermanas Loyola viajan a Santiago y se inscriben en el concurso, como no tenían guitarra, se consiguieron guitarras con los vecinos de Curacaví. El público voto por ellas semana a semana lo que las llevó a ganar el primer lugar interpretando una antigua y hermosa tonada, enseñada por doña Ana María, llamada “El Imposible", que posteriormente Margot Loyola Palacios graba como solista. Las hermanas Loyola siguen en Curacaví, actuando especialmente en el auditorio del colegio de las monjas¨”. En consecuencia, la vida artística de las hermanas Loyola, nace en Curacaví y al decir de una de las antiguas vecinas, “eran unas niñitas muy   donositas (graciosas) y quitaditas de bulla”.-

 

Así comienzan las hermanas Loyola a tener un gran éxito, pues el premio de la Radio Pacífico, consistía en un contrato por un mes en el auditórium de la radio, donde se dieron a conocer en todo el país. Porque en aquellos años (principios de los 40), la radio era fundamental, era un nexo con las familias para comunicarse y escuchaban todos los días, donde se transmitían noticias, crónicas, radio teatro, etc., entonces las personas se sentaban a la hora del te o en la cena a escuchar estos programas. Es así entonces que Curacaví, es cuna artística de la mujer más chilena de las chilenas, según se constata a veces en la gigantografía que esta a la entrada de la comuna entre cerros y que ocasional y funcionalmente se funde con algún otro anuncio.

 

Es un honor para Curacaví, sus autoridades y comunidad toda, que Margot Loyola Palacios, “La Emperatriz de Chile”, en palabras de Pablo Neruda, hubiera tenido su cuna artística en dicha comuna, es ahí también donde Margot Loyola Palacios comienza a dar mayor valor a los saberes, usos, memorias y costumbres de un pueblo, respetando al sujeto por sobre el objeto de estudio.

 

Curacaví debe honrarse y honrar a su pueblo en la memoria de la gran Margot Loyola Palacios, nuestra gran Margot Loyola Palacios