Por Juan Pablo Morales Farfán
Con el paso del tiempo las costumbres campesinas fueron quedando en la memoria de los lugareños de cuando en cuando los más longevos relatan algunas de éstas.
Recuerdo a la señorita Irma Escobar QEPD (señorita se les decían a las mujeres mayores que optaban por la soltería) vivía frente la Escuela Los Rulos y todos los años realizaba la tarea de deshojar maíz, más o menos en abril antes que llegarán las lluvias (cuando llovía).
Dejando la mazorca en una rejilla para el secado, se daba el trabajo antes del atardecer de dejarlo tapado para por la mañana como las 10, se destapaba para que el sol realizará su labor. Cuando el maíz estaba completamente seco se procedía a desgranarlo, utilizando un desgranador construido por un integrante de la familia, se llenaban los sacos con maíz, los cuales se guardaban para alimentar a sus gallinas durante el año; claro que tenía una piedra de moler para preparar el alimento para los pollitos.
Mientras que las corontas secas servían para alimentar el fuego de brasero, en los tiempos en que las abuelas mantenían la tetera con agüita calentita todo el día.
A veces de las corontas se podía hacer un corcho para un chuico o tapón para la artesa.
En tertulias con las amables gentes de Los Rulos, relatan que, con las hojas secas de choclo en los tiempos de las haciendas y fundos, los peones afuerinos armaban sus payasas, sacos harineros o de arpillera rellenos con hojas secas (remojadas previamente para que no sonaran tanto) de choclo donde podían dormir, después de trabajar de sol a sol.
Otra costumbre muy antigua era recoger bostas de vacuno secas, las que se quemaban en un tarro. Esta humareda de bostas eliminaba los zancudos.
Quiero dar un especial agradecimiento a Norma Vera Mena y su familia por la colaboración en este artículo.
Fotografía: Señorita Irma Escobar QEPD